Que nadie te corte las alas

Como artistas, muchos hemos tenido la sensación de que caminábamos por la cuerda floja. Vivir de la cultura muchas veces no es nada sencillo, y parece una utopía. No es de extrañar, pues se insta a la sociedad, en especial a las nuevas generaciones que se incorporan al sistema educativo, a que seamos productivos, a que compitamos por el mejor puesto en la mejor empresa, aunque sea a costa de renunciar a nuestra felicidad y a nuestras aspiraciones más íntimas. Dedicarse a la interpretación, a la música o a la pintura es algo válido siempre y cuando dichas actividades queden relegadas al ámbito de las aficiones. Porque, de lo contrario, intentar vivir de ello se atribuye a personas bohemias que han elegido ir contracorriente y desviarse del camino recto.

En estas circunstancias, es normal dudar. Puede que tú ahora mismo te encuentres así: dubitativo, temeroso, con ganas de arriesgar y de moverte pero con la prudencia por bandera. Sin embargo, a veces lo mejor es continuar caminando, dar un paso adelante para mantener el equilibrio y llegar hasta el final, la ansiada orilla donde poder pisar tierra firme. Claro que es posible vivir de la cultura, y hacerlo con dignidad. Claro que es posible ser actor o actriz, mago, músico o trapecista, y volcar la vida en ello de una manera tan ilusionante, legítima y noble como si se hubiese estudiado una ingeniería.

Desde Los Gatos con Alas te animamos a caminar. Por muy adversas que parezcan las circunstancias, siempre hay una motivación, una esperanza y una orilla que merece la pena perseguir. Ya esté más lejos o más cerca, al final es muy probable que acabe llegando. Queremos un país donde cada vez más jóvenes digan: «mamá, quiero ser artista» y ese sueño se vea como una meta realizable, al alcance de todos independientemente de sus recursos económicos. Queremos un país donde se promocione la cultura en todas sus facetas y se dé un trato justo a los artistas, para que cada vez más gente sepa que no le va a resultar imposible vivir de ello.

No queremos que cortéis vuestras alas, queremos concedéroslas, para que seáis vosotros mismos quienes emprendáis el vuelo y podáis elevaros desde esa cuerda floja que descansa sobre el precipicio hasta la tierra firme, seguros y entusiasmados por haber hecho de vuestra pasión vuestro sustento vital.

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